02 Ciudad inequitativa / Urbanismo Suicida
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02 Ciudad inequitativa / Urbanismo Suicida
El urbanismo suicida es una forma de producir ciudad, forma que lleva inequívocamente a la muerte, es pues, un suicidio colectivo. Pero surgen varias preguntas: ¿Las ciudades pueden morir? ¿Han desaparecido ciudades de la faz de la tierra? Hay algo que es muy cierto, las ciudades no se crean ni se destruyen, solo se transforman, pero la transformación puede ser fulminante y en ocasiones llega a borrar valiosos fragmentos del pasado o extirpar partes importantes de una ciudad. Si entendemos que “hacer ciudad” es un proceso socio-cultural y temporal entonces el urbanismo suicida es aquel que provoca la ruptura del tejido social, aquel que deja sobre la ciudad cicatrices que nos recuerdan un pasado que nunca volverá, el historial de una ciudad con varios intentos de suicidio.
Las grandes ciudades en México forman parte de este fenómeno de fragmentación. No podríamos decir que la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM) es una sola ciudad y ,por el contrario, podemos asegurar que es un cúmulo de ciudades interdependientes. Si bien la policentralidad no es por si solo un fenómeno negativo, lo es cuando no existe una distribución equitativa de los recursos, los servicios públicos, los centros de empleo, los espacios de ocio o recreativos, las áreas verdes y las zonas de vivienda. Pero la policentralidad es un fenómeno suicida cuando la ciudad además de la inequidad de servicios se fragmenta en clases sociales.
En esta distribución inequitativa, las partes pobres de la ciudad trabajan para las ricas. Tenemos ciudades dormitorio y ciudades de oficinas, zonas sobrecargadas de servicios y zonas sin servicio alguno. La inequidad provoca desequilibrio y esta a su vez provoca mayor número de desplazamientos. En la ZMVM el promedio de los ciudadanos pierde hasta tres horas diarias en transporte, pero esto es aún más grave, porque mientras que los estratos bajos pierden cuatro horas los estratos altos máximo hora y media en promedio.
En las ciudades de México es muy fácil distinguir desde el aire las zonas ricas de las pobres; las primeras tienen techos rojos impermeabilizados y árboles en las calles y las segundas techos y calles grises. La inequidad es posible gracias a la existencia de las fronteras urbanas que la contienen. En primer lugar tenemos a las grandes vialidades que suelen dividir a los estratos socio-económicos y en segundo lugar los delimitantes naturales, como son: barrancas, ríos o estructuras montañosas. Y puede que podamos definir un tercer condicionante, una micro-frontera en la que entrarían los fraccionamientos cerrados con bardas coronadas con botellas rotas o alambres de púas, rejas y casetas de vigilancia.
Cuando las fronteras urbanas dividen a una ciudad de manera irreconciliable es cuando los distintos estratos sociales dejan de conocerse entre sí, cuando dejan de compartir el mismo mercado de barrio, los mismos centros de entretenimiento, el mismo modo de transporte. Es un urbanismo suicida cuando la ciudad deja de ser un punto de intercambio económico y cultural simultáneamente, cuando solo se dan intercambios meramente económicos, cuando se deja de compartir el espacio público y cuando el lugar común desaparece. En este contexto la producción de ciudad es fragmentada, cúmulos de ciudades que se necesitan pero se odian, que intercambian pero no comparten, vecinos incómodos que viven con temor y envidia los unos de los otros.

El cronómetro corre y la explosión es inminente pero seguimos sonriendo porque la ciudad es indestructible, escondemos la bomba bajo el tapete y la fiesta continúa. Después recogeremos nuestros pedacitos para pegarlos con PRIt.
PD. Este es un artículo (no colegiado) que suscribo a título personal por lo tanto no representa la posición de Circula México.
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