05 Ciudad apática / Urbanismo Suicida

círculo de ciudadanía apática
Creado el: 
25 Enero 2012
Escrito por: 
Ernesto Peralta

 

05 Ciudad apática / Urbanismo Suicida

Este es el último de los urbanismos suicidas que nos queda por describir. Hemos visto que nuestras ciudades son insostenibles (no son sustentables) porque no son autosuficientes, consumen su entorno natural y derrochan los recursos. Hemos visto también los efectos de la dispersión de la ciudad como resultado del crecimiento horizontal y la falta de densidad; hablamos del suicidio que significa invertir en la construcción de infraestructuras dirigidas a fomentar un medio de transporte ineficiente, e igualmente suicida los funestos efectos urbanos que produce una ciudad fragmentada en clases sociales, en guetos, privadas, cerradas, la ciudad de las bardas, una ciudad que invierte en policía pero no en revitalizar sus espacios públicos.

Pero de todos los posibles suicidios urbanos, el más devastador es el que resulta de una ciudad apática. Y claro que tenemos numerosos, variados, respetables y valiosos colectivos de activistas y ONGs dedicadas a innumerables temas que tienen que ver con el urbanismo. También a últimas fechas podríamos augurar el surgimiento de una grupo de ciudadanos conscientes de la importancia de su participación en los procesos de diseño. Incluso podemos decir que el urbanismo en las tres grandes ciudades de México está de moda. El ciclismo urbano, impulsado principalmente por grupos de ciudadanos, se ha convertido en un punto de encuentro entre aquellos que se reconcilian con la ciudad y se la imaginan de otra manera.

Pese a lo anterior y sin ningún desanimo podemos decir que nuestras ciudades aún son apáticas y no solo en lo que al urbanismo se refiere; son apáticas porque en ellas no nacen las grandes ideas ni los grandes negocios, porque no se discute de política y menos aun de políticas públicas y ni mencionar de políticas públicas de carácter urbano.

Podemos decir que en nuestras ciudades tenemos la tendencia a tomar la decisión más fácil que muchas veces no es la mejor, los ciudadanos, los políticos los medios de comunicación y la sociedad civil nos encontramos en un punto de confort y de confort muy bajo, dado que la calidad de vida en nuestras ciudades así lo es. Los políticos o gobernantes no toman decisiones arriesgadas o difíciles por más necesarias que sean, sencillamente porque el costo político es más alto que las ganancias, y tampoco los ciudadanos están dispuestos a ser afectados por cierto lapso de tiempo por determinada obra que mejore sus condiciones de vida a largo plazo. De igual manera los medios de comunicación venden más con las malas noticias, por lo que critican destructivamente y por igual “las buenas y las malas” políticas públicas alimentando a una sociedad ávida de criticar y muchas veces ausente a la hora de proponer. Y no se debe olvidar a los empresarios que se preocupan más por obtener cuantiosos contratos de obras públicas que por construir y proponer infraestructuras realmente necesarias, aunque el diseño urbano sustentable también sería un buen negocio, incluso mejor, habría que pensar y arriesgar más.

La ciudad apática es un urbanismo suicida en el punto en que cada quien ve por sus propios intereses dejando de lado el interés colectivo. Es suicida la proyección cortoplacista, sin planteamientos integradores, abiertos y participativos pero es más fácil. Es suicida la apatía pero sigue siendo la forma proyección más común de nuestras ciudades.

En la ciudad apática no hay lugar para el rencuentro entre clases sociales, ni para borrar la fragmentación socio-espacial y sus efectos urbanos negativos. En la ciudad apática no hay lugar para la eficiencia si ésta implica cambiar de forma de pensar y por lo tanto cambiar de medio de transporte. En la ciudad apática no se puede hacer frente a la dispersión ni al crecimiento de la urbe si esto implica que los políticos dejen de comprar votos. No hay forma de hacer un crecimiento urbano ordenado o planeado participativamente porque el desorden actual es un buen negocio para algunos y nadie esta dispuesto a romper los cotos de poder.

En la ciudad apática no hay cabida para la sustentabilidad: para qué separar basura si luego la juntan, para qué cuidar el agua si hay tantas fugas, para qué apagar la luz si ya compré mi foco ahorrador, para qué dejar mi auto en casa si es tan cómodo. Y si nuestros gobernantes hacen las mismas sumas y restas entonces para qué construir nuevos y mejores sistemas de transporte si la gente de todas maneras se queja, para qué revitalizar nuestros espacios públicos si la gente no los usa. O qué tal los empresarios con un: para qué preocuparnos por proponer obras de urbanismo sustentable si es responsabilidad del gobierno, para qué pensar en el nuevo urbanismo si el urbanismo tradicional nos deja tantas ganancias. O los medios: para qué hacer análisis noticiosos profundos si con nuestros tontos-bonitos locutores entretenemos a tanta gente.

Para hacer ciudad lo primero es quitarnos la apatía. Ser ciudadano implica hacer ciudad. La ciudad, como la herramienta de socialización más grande y compleja inventada por el ser humano, nos coloca en un espantoso dualismo, tiene la propiedad de humanizarnos, esto a través del intercambio cultural, el confort, la comunicación, la conectividad y el máximo intercambio de bienes y experiencias, pero si nos dejamos llevar por la apatía, el estrés, el personalismo, si perdemos el sentido de la colectividad, si nuestros espacios públicos no generan convivencia y discusión política, si la comunicación se convierte en mero entretenimiento, si la hiperconectividad nos aleja más que acercarnos, si la movilidad es un atasco permanente y si las diferencias de clases convierten a nuestras ciudades en conglomerados urbanos que no tienen nada que ver entre sí, entonces, esta ciudad lejos de humanizarnos nos deshumaniza, nos convierte en cualquier otra cosa menos en ciudadanos.

¿Qué te ha dado la ciudad, qué haz hecho por ella, cuánto te ha quitado?

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