01 Ciudad Dispersa / Urbanismo Suicida

Creado el: 
8 Diciembre 2011
Escrito por: 
Ernesto Peralta

 

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01 Ciudad Dispersa / Urbanismo Suicida

No hay nada más terrorífico que mirar a la ciudad de noche desde un  mirador o desde la ventanilla de un avión. La oscuridad en contraste con el infinito tapete de foquitos de colores que se despliegan hasta perderse en el horizonte. A diferencia de las ciudades que crecen de la mano de la planeación urbana (de calidad, o no) nuestras ciudades no comienzan y terminan, no hay una línea virtual, legal y mucho menos física o tangible que defina o al menos sugiera un principio y un fin. Nuestras ciudades son un cúmulo de asentamientos urbanos que caen como lluvia sobre el territorio, asentamientos cuyos perímetros chocan entre si, ciudades de choque y dispersión.

Vivienda

Nos referimos a una parte específica de la ciudad, la ciudad de la periferia, la parte más ancha y poblada que crece sin ningún orden o bajo dos tipos diferentes de desorden. Por un lado, tenemos los grandes asentamientos, de mini y micro viviendas idénticas que se producen en serie y que inundan amplias zonas de la periferia con baja densidad de población. Los llamados conjuntos “Rotoplas” coronados por tinacos negros y encerrados tras una barda de prefabricados de unicel o rejas de malla ciclónica.  Son conjuntos de vivienda sin usos de suelo mixtos, conjuntos monotemáticos, aburridos y enajenantes. No están conectados con la ciudad central por transporte público y hasta podríamos decir que están olvidados por la mano de dios.

El otro lado de la misma moneda, es el urbanismo sin urbanistas, no mucho peor que el anterior.  Lo conforman los millares de casitas grises que surgen por generación espontánea y que inundan nuestras preferías. Casitas que en la mayoría de los casos se quedan a la espera de ventanas, un techo decente o un acabado aunque sea de la pintura más modesta. Asentamientos que llegan antes que los servicios públicos más básicos, gente que vive entre calles de tierra sin alumbrado, sin agua, sin drenaje y muy probablemente con electricidad (robada) y por lo tanto con televisión, sabritas y coca cola.

Casitas en serie y casitas grises, unas para presumir logros políticos en números inhumanos y otras para que políticos compren votos; unas para pagar en plazos y otros para auto-construir poco a poco; pero ambas para morir lentamente y sufrir día a día. Ambas resultan en semilleros delincuencia y ambas un gran negocio para la industria de la construcción. Dos caras de un urbanismo suicida que promueven una ciudad dispersa, de baja densidad y desparramada por el territorio.

Espacio público

El urbanismo suicida  de la ciudad dispersa no sólo es visible en el tema de la vivienda, también se hace presente en la ausencia, carencia y/o decadencia de los espacios públicos. Ni pensar en parques, deportivos o centros culturales, quizá sí algún centro comercial cerrado y ensimismado, imposible un mercado de barrio o la tienda de la esquina, pero muy probablemente un “walmart” o una “comer”, una docena de “oxos” o “sevens”. Zonas que no conocen las banquetas, ni los semáforos o pasos peatonales, ya no digamos Metro,  Metrobús, ciclovías, zonas secuestradas por el Microbús, las combis o los taxis (obvio piratas) colectivos.

Movilidad

La movilidad es otro factor importante.  Son zonas que crecieron ramificándose de grandes vías de comunicación o carreteras; son cúmulos de ciudades perdidas que se conectan con la ciudad central por un solo ramal que en horas pico se tapona. Hablamos de  millones de habitantes que pierden de 3 a 6 horas diarias en transporte, trabajan 8, tienen una hora de comida, una hora para cenar, mínimo una de televisión y duermen 8 (= 24 horas). Horas más horas menos, en la ciudad dispersa, la peor calidad de vida es la calidad de vida de la mayoría.

La mayor parte de las ciudades de México forman parte este proceso de dispersión. La ciudad dispersa es un urbanismo suicida que crea enormes brechas entre clases sociales, que de degrada el territorio y consume la naturaleza circundante a una ciudad, esto en decremento de la calidad de vida de todos los ciudadanos, aún los que no habitan en zonas periféricas. La baja densidad, la hipermovilidad y ruptura del tejido social y su relación con el espacio público son solo algunos de los fenómenos que nos hacen concluir que las ciudad dispersa es sin lugar a dudas un urbanismo suicida.

Pero basta de queja y fatalismo, la ciudad dispersa es una realidad con la que tenemos y se puede lidiar, ¿qué podemos hacer para invertir el fenómeno de dispersión de nuestras ciudades y proyectar una ciudad compacta?

Esto en el próximo artículo de “Urbanismo Suicida” y “Curando el Suicidio Urbano”

Esperamos sus críticas y sus aportaciones para contestar esta pregunta.

 

 

Ernesto Peralta

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